Para ser caraqueño no solo es necesario haber nacido en la capital venezolana, es mucho más que eso. Para honrarse con el título es un deber conocer su historia, los mágicos rincones ocultos entre el dominio de edificios y el humo de los carros, además de las peculiaridades de sus habitantes que la hacen única y conforman nuestra idiosincrasia. Se debe, en conclusión, amar a Caracas con todo lo que ello implica.
Pero, para ser sinceros, son pocos los que cumplen los requisitos. Si crees lo contrario, simplemente autoevalúate ¿A dónde llevarías a un extranjero si requiere tu ayuda para conocer esta ciudad? Caracas no sólo son las torres de Parque Central o la Plaza Francia, hay mucho más allá: tanto, que los habitantes de la ciudad de los techos rojos llegan a sorprenderse.
Pensando en eso, desde abril de este año, el Gobierno Bolivariano de Venezuela, a través del Corpojuventud -ente del Ministerio de la Juventud- creó la Ruta Turística «Me gusta Caracas», la cual muestra esa faceta de la ciudad que seguramente muy pocos han explorado en un día, convirtiendo la experiencia en autentica e inolvidable.
Es así como, por una tarifa de Bs. 300 los adultos y Bs.250 preferencial y niños, de martes a sábados desde las 9 de la mañana, parten unos autobuses desde la plaza Diego Ibarra que realizan un recorrido por cuatro puntos históricos de la ciudad, mientras un guía, excelentemente preparado, explica los detalles durante cada una de las visitas e incluso curiosidades del camino, como por ejemplo, porque nuestras calles llevan nombres en vez de números, como en otras partes del mundo.
El paseo con los chamos de Corpojuventud se asemeja más a caminar con un buen amigo que sabe mucho de historia, así que descarten la idea que los guías son aburridos y que parecen una grabadora con un discurso preprogramado. La recomendación es dejarse llevar y disfrutar los destinos como si fuese la primera vez.
Un pedacito de París en Caracas…
¿Sabías que en Caracas hay una especie el réplica del Arco del Triunfo de París? Se trata del Arco de La Federación, la primera parada del recorrido. Construido en el siglo XIX, de la imponente estructura se encuentra en una de las entradas del Parque Ezequiel Zamora, mejor conocido como Parque El Calvario. Sí, esas inmensas escalinatas en los alrededores de la urbanización El Silencio y que son el preámbulo que un lugar de ensueño, colmado de mitos e historias que erizan la piel de hasta los más incrédulos.
Tal es la historia de “La Dientona”, una supuesta mujer de ataño carente de belleza y con los dientes muy pronunciados que, contra todo pronóstico, encontró el amor. Sin embargo, el día de su boda que se realizaría en la capilla de El Calvario, el novio nunca llegó, por lo que desolada buscó a su amado por la ciudad, encontrándolo en el parque con otra mujer y de la rabia los mató a ambos a mordiscos (No, no es la hermana de Luis Suarez). Por eso se dice que los infieles que van al este parque le sale La Dientona.
Es ésta y muchas más leyendas acompañan el camino por esta hermosa colina, donde hasta el viento parece sacado de un cuento de hadas. Lo recomendable es recorrer todo el lugar, hasta llegar a la cima marcada por una plazoleta donde te recibirá una estatua de Simón Bolívar y desde ahí se siente la frescura y observa el verdor de los jardínes.
Honor eterno…
La segunda parada es el Cuartel de la Montaña, lugar patrimonial donde reposan los restos fúnebres del comandante Hugo Chávez está anclado a lo alto de la parroquia 23 de Enero. Allí los visitantes pueden acercarse al sarcófago para rendirle honor e incluso dejarle flores en la entrada. También hay dos salas dispuestas con artículos que usó y lo caracterizaban, como su la taza donde se dice, tomaba café hasta 33 veces al día.
La tranquilidad y la paz en el lugar es absoluta, y si se llega a la hora adecuada, es posible presenciar el hermoso acto que realizan durante el cambio de la Guardia de Honor, o simplemente, puedes relajarse con el sonido que producen el hondeo de las 32 banderas suramericanas que conforman un pasillo en la entrada de la antigua edificación en forma de castillo, que al inicio del siglo XX se construyó para ser una escuela militar.
El velero de Simón
El tercer punto es, quizás, el más sorprendente de todos, se trata del Mausoleo del Libertador. La inmensa y moderna infraestructura en forma de las vela que rememora la embarcación que regreso los restos del Simón Bolívar a su natal Venezuela, mide unos impresionantes 54 metros de altura por unos 15 de base, en cuyo interior solo se encuentra el cuerpo del Padre de la Patria.
Si por fuera resulta impresionante, su interior lo es aún más. Apenas pisas la primera lámina del pulido granito negro que contrasta con las paredes blancas, se infunde una inmensa sensación de respeto que, combinado con silencio y la luz tenue que domina el espacio, resulta sencillamente magistral.
Para llegar allí, primero se debe cruzar el Panteón Nacional, donde reposan los restos de más de 140 personas cuya labor fue de gran relevancia para la historia y creación de nuestra nación, todas ellas descansando eternamente bajo el cielo decorado con hermosas pinturas del venezolano Tito Salas y que recuerdan pasajes que vivió durante las luchas de la independencia de nuestro país.
Más caraqueño que nunca
El recorrido culmina en la Plaza Bolívar, donde se puede visitar libremente las diversas opciones de los alrededores, como la Catedral de Caracas, la Biblioteca Metropolitana, las afuera de la Asamblea Nacional, el recientemente reinaugurado Teatro Bolívar, el bulevar del Panteón o disfrutar de una bebida caliente en los variedad cafés y resturantes.
Luego, tienen la opción de reencontrarte con la guía que los trasportará nuevamente a la Plaza Diego Ibarra o tomar la estación Capitolio del Metro de Caracas, que se encuentra a sólo dos cuadras de distancia.
Lo recomendable es irse preparado con unos zapatos súper cómodos, pues a pesar que los traslados son en autobús, durante las paradas se hacen largas caminatas y el recorrido consta de unas cuatro horas, pero eso sí, lo terminas sintiéndote más caraqueño que nunca.
Lo bueno: Absolutamente todo en la ruta turística “Me gusta Caracas” es bueno. Los destinos, los guías, el autobús en excelentes condiciones, es un 20/20 definitivo.
Lo malo: Es difícil encontrar algo negativo en la experiencia, aunque, dado a lo extenso del recorrido que puede a llegar a durar más de cuatro horas tomando el mediodía, es necesario agregar una parada o break, para tomar un refrigerio e incluso almorzar.
Lo que falta: ¡Promoción! ¡Promoción! ¡Promoción! La iniciativa es increíble pero aún tienen muy poco público porque pocos saben que existe. Necesario es que se den a conocer, para que la mayoría de los caraqueños disfrutemos de este paseo por la ciudad y así, de boca en boca, invitemos a quienes nos visitan del extranjero o del interior del país.
DesdeLaPlaza.com /Anabel Barrios Díaz /Fotos: NB